
El Silencio que Lidera: La Escucha, la Confianza y el Poder de la Reflexión
febrero 27, 2025En el mundo del liderazgo, solemos centrarnos en las estrategias, los resultados y la ejecución impecable. Pero hay un espacio menos visible, una dimensión que no aparece en los reportes financieros ni en los indicadores de desempeño: la conversación inaudible que cada líder sostiene consigo mismo y con su equipo.
En el mundo del liderazgo, solemos centrarnos en las estrategias, los resultados y la ejecución impecable. Pero hay un espacio menos visible, una dimensión que no aparece en los reportes financieros ni en los indicadores de desempeño: la conversación inaudible que cada líder sostiene consigo mismo y con su equipo.
La Intención de Ayudar Sin Medir el Impacto
Hace poco, un coachee expresaba su agradecimiento por el valor que significaban nuestros encuentros para él. He de confesar que, a veces, me cuesta entender qué de nuestras conversaciones les ha dado tanto valor. Por ejemplo, uno de mis coachees se llevó algo de una sesión y, cuando regresó, había hecho mucho más de lo que yo creía que se había llevado.
Esto es algo que he visto muchas veces. El aprendizaje no sucede en el instante en que se entrega un conocimiento, sino en la forma en que la persona lo incorpora a su propia historia. La verdadera transformación no ocurre en la sesión, sino en la vida.
Cuando un Coach acompaña sin necesidad de dirigir, sin la intención de enseñar algo específico, crea el espacio para que el otro encuentre sus propias respuestas. No hay un guion predefinido, solo una intención: ayudar a la persona a ver lo que no ha visto aún.
De la Preocupación a la Acción
Muchos ejecutivos llegan a sesiones de coaching con una carga emocional significativa. Llevan el peso de sus decisiones, la incertidumbre del futuro y la presión de los resultados. Cuando trabajo con ellos, no intento eliminar su preocupación; los acompaño momentáneamente en ella. Pero no me quedo ahí. Entro en la preocupación con ellos y luego los ayudo a salir hacia la posibilidad de algo mejor.
Aquí radica una distinción clave: la diferencia entre estar atrapado en la preocupación y transformar esa preocupación en acción. La preocupación sin dirección lleva a la parálisis, mientras que la ocupación estratégica genera movimiento.
Cuando un Coach escucha profundamente, puede identificar qué mantiene a su Coachee en el ciclo de la preocupación y ayudarlo a cambiar su conversación interna. ¿Cómo? Desarticulando creencias limitantes y reformulando los diálogos consigo mismo.
La Conversación Privada: La Clave del Cambio
Uno de los mayores desafíos en el Coaching Ontológico es modificar la conversación privada del Coachee. No basta con decirle a alguien lo que debe hacer; el cambio real ocurre cuando esa persona empieza a hablarse de una manera distinta.
Un ejecutivo con un perfil altamente racional y parco estaba sorprendido con la precisión de su evaluación de personalidad. Su interés no se reflejaba en su expresión corporal ni emocional, pero su lenguaje revelaba gran curiosidad. Nuestra conversación giraba en torno a una mezcla de interés e incredulidad sobre el impacto que podía tener en su capacidad como líder un cambio en su manera de hablar consigo mismo.
Le expliqué que algunas de las transformaciones más poderosas parecen demasiado simples al inicio. Por ejemplo:
- Para un líder controlador, cambiar “Quiero controlarlo todo” por “Voy a priorizar lo que realmente importa” puede ser liberador.
- Para un perfeccionista, recordar que “Lo perfecto es enemigo de lo bueno” puede abrir espacio para la agilidad y la acción.
Cuando alguien escucha estas frases por primera vez, suele pensar: “¿Eso realmente va a funcionar?” Es ahí donde la confianza en el proceso es clave. A veces, no basta con que crean en la herramienta; necesitan confiar en el Coach que los guía.
El Riesgo de Ser Mejores
El mayor desafío para un líder en un proceso de Coaching Ejecutivo es cambiar su manera de verse a sí mismo. Y ese riesgo vale la pena.
Un Coach que genera espacios de escucha y empatía no solo transforma a quien está acompañando; permite que se convierta en una mejor versión de sí misma e impacte en su equipo de trabajo.
Un Coach que abre espacios de escucha y empatía no solo acompaña un proceso de transformación; facilita que el líder se convierta en una versión más auténtica y poderosa de sí mismo. Y cuando eso sucede, el impacto no se detiene ahí. Se expande a su equipo, a su organización y a su entorno.
La diferencia entre un jefe y un líder radica en cómo hace sentir a su equipo. Y la diferencia entre un líder convencional y un líder transformacional radica en su capacidad de cambiar la conversación inaudible que define su realidad y la de los demás.
Por eso, la pregunta que cada líder debe hacerse no es “¿Cómo hago que mi equipo rinda más?”, sino “¿Cómo creo un entorno en el que el crecimiento sea inevitable?”
Porque, al final del día, cuando lideramos desde la empatía, la escucha y la transformación, los miembros de nuestro equipo corren el mayor riesgo de todos: el riesgo de ser mejores.